jueves, 29 de septiembre de 2011

Yo tampoco trabajo gratis.



Hace poco se ha comentado en varios medios sociales el tema de que existe gente que te ve trabajando y, cuando le pasas la factura, habiendo aprobado el presupuesto, aun se niegan a pagarte ya que “consideraban” que ese trabajo debía ser gratis.

Como consultor, ni te cuento la de empresas, con liquidez, que quieren no pagar el proyecto presentado y la solución aportada, son capaces de ir a comprar el otro producto diferente al indicado en el proyecto, intentan montárselo ellos y, como no funciona ni da el resultado proyectado, encima te echan las culpas de haberle hecho comprar cosas que no funcionan. Más teniendo en cuenta que no te han pagado, ni te cuento el alucine que te puede llegar a subir.

Y si hablamos de comunicaciones y movilidad, ni te cuento, que para mucha gente un móvil y una pda es lo mismo. O que todos los portátiles pueden hacer lo mismo que los PC’s de sobremesa.

Después de varias llamadas bidireccionales y de, por fin, quedar con el cliente, empiezan las reuniones para empezar a dar soluciones a la problemática que tienen, y al final resulta que lo que querían era que se le dieses la solución, se lo pusieras por escrito, le dijeses que es gratis y hasta la semana que viene que volvemos a hacer nuevamente el primo.
Lo curioso es que no entienden que un profesional (o por lo menos eso intento), se siente delante de ellos, les haga unas 200 preguntas de lo más variopintas, que no entienden porque se las hago, y que después le presente al cabo de pocos días un documento con unas 12 páginas indicándole la solución y lo que se debe hacer. Hace poco uno de estos individuos me contestó “¿por esto tan fácil de hacer te tengo que pagar?” la respuesta a semejante… frase, es contestar “realmente no debe de pagar por lo fácil que es lo que se debe hacer, sino porque nosotros sabemos que es lo que hay que hacer”. Realmente cuando no se sabe de algo, no se valora.

Vamos a explicar un poco como se suele dar la solución a un proyecto de consultoría.
1.-  Cuando realizo las preguntas al cliente y espero pacientemente las respuestas, es para poder saber cómo es el negocio de mi cliente, como trabaja en la actualidad con la informática y como quiere trabajar con ella, no por cotilleo de programa rosa de TV.
2.- Reúno al equipo de técnicos especializados en el tema y se realiza un brigthstorming sobre cómo dar una solución al cliente, y a ser posible lo más sencilla y eficaz que se pueda.
3.- Cuantificamos el precio de la consultoría, se realiza un documento de 3 ó 4 páginas indicando por donde irá la solución (sin detalles) y el importe de la consultoría.
4.- Una vez aceptado por el cliente, firmado y sellado, se procede a realizar el documento del proyecto, a buscar los proveedores del material necesario, a buscar nuestro precio de coste, a poner el precio final, con nuestro miserable margen, en la oferta de la implantación del proyecto, y el precio de los servicios y otras para su puesta en marcha.
5.- Se entrega al cliente el documento.

Y aquí es cuando saltan con la frase “¿por esto tan fácil de hacer te tengo que pagar?”.

Señores, nosotros tenemos el conocimiento técnico de informática, Vds. de lo que se dedica su negocio. A nosotros no se nos ocurriría decirle a un fabricante de salchichones que “¿por esto tan fácil de hacer te tengo que pagar?”, pero cuando hablamos de informática, todo el mundo sabe y todo el mundo es ingeniero…pero después de conocer la solución, no antes.

Supongo que cuando el dinero me salga por las orejas, haga implantaciones gratis a todo el que me caiga bien, seguro que sí (más conociéndome), pero en cuanto el listillo de turno no quiere reconocer la profesionalidad del de delante, sea del ramo que sea y de la especialidad que per toque, no puedo, ni nadie debería, transigir con ellos.

Conclusión: Soy muy consciente de que soy un currante como cualquier otro y que el plato de lentejas para mi familia debo tenerlo en  la mesa todos los días; si, es mi vicio, que le voy a hacer. Cuando pueda comer faisán tres veces al día, posiblemente haga cosas gratis. Igual que mis clientes, que si pueden ponen dos platos de lentejas todos los días encima de su mesa (el suyo y el mío que no me ha pagado).

Papá Vader.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Las grandes cosas de la vida


Esta mañana, mientras hacía mis cosas, hablaba con mi mujer, escribía mis pensamientos y navegaba por internet, he recordad el título de una obra de teatro de hace años: "Cariño eres perfecto, pero te cambiaré" y siembre me ha hecho mucha gracia. y me he dado cuenta de que la vida es llena de cosas imperfectas... y de gente imperfecta.

No soy el mejor en lo que me gustaría ser, y olvido los cumpleaños y aniversarios como todos los demás; uso agenda (como algunos usáis el Facebook) para recordar las fechas. Lo que he aprendido durante todos estos años es a entender que todos tenemos defectos, de cualquier índole, he aprendido cada día a aceptar cada uno de mis propios defectos, a reconocer los defectos que tengo, e intentar cada día a aceptar cada uno de los defectos de los demás, es una de las llaves más importantes a la creación de una relación durable, sana y creciente. Tu pareja, tus amigos, tus conocidos, ese conjunto de relaciones es los que dice quién eres; el aceptar o no tus defectos y el de los demás, dice como eres.

La vida es demasiado corta para estar dando escusas constantemente, no aceptar nuestros defectos y darle las culpara al prójimo. Debemos disfrutar de la vida y saborear lo mejor de ella. Aceptar nuestros defectos y reconocer nuestros errores por nuestra imperfección natural. La vida se convierte en algo lleno y con mayor plenitud, al aprender a decir “lo siento”, cuando nos hemos equivocado, y a decir “gracias”, cuando alguien, amigo, conocido o no, nos tiende una mano.

La vida, aunque parezca mentira, tiene fecha de caducidad. Para todos y cada uno de nosotros. No la misma para todos pero todos la tenemos. Es una lástima que que nos demos cuenta de ello en el último momento, sin haber podido disfrutar de cada momento de este preciado tesoro y desperdiciarlo en buscar la perfección. Y lo peor es en buscar la perfección de los demás, como muchísima gente está haciendo en estos momentos, aunque diga “esto no va conmigo, yo eso no lo hago”.

Saludos.

Papá Vader.

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