lunes, 15 de diciembre de 2014

Cangrejos en tinaja sin tapadera, o el síndrome Homer Simson.




Seamos serios, vivimos en un país que ni permite ni perdona el éxito y aplaude al mediocre.

Hay mucha gente, mediocres según los preparados, o la gran mayoría según quien lo esté diciendo, que suelen medir todo con la misma frase, a saber de que mente poco capacitada ha podido salir, de “tu éxito es mi fracaso”, por lo que no permiten que nadie triunfe, que nadie tenga éxito. Y si lo permiten, es para ver a un Homer Simson, uno de ellos, sea el que triunfe durante un lapsus mínimo de tiempo, lo suficiente para algrarse un instante y volverse a alegrar, más si cabe, cuando este se estampa contra el suelo.

Es el síndrome Homer, tan afincado en nuestro alrededor,  y así nos va.

Esta postura tan absurda, me recuerda el chiste aquel que…
“En el mercado un vendedor de cangrejos, tenía dos grandes tinajas; una ponía ‘Cangreos alemanes’, y en el otro ‘Cangrejos españoles’.  La tinaja de los cangrejos alemanes estaban tapados y la de los españoles estaban abierta. Viendo esta curiosidad, el cliente que pregunta para saber por qué esta diferencia. El vendedor le dice: “los cangrejos alemanes se organizan, se ayudan, subiendo unos encima de otros consiguen salir de la tinaja y, si no la cierro, se me escapan. Sin embargo, los cangrejos españoles no permiten que ninguno consiga subir, en cuanto uno sobresale ellos mismos tiran de sus patitas y lo hacen descender. Por eso no me hace falta tapar la tinaja.”

Y es por eso que nos olemos encontrar, tanto en la vida cotidiana, como actualmente en la vida política, esto mismo a diario; en cuanto alguien sobre sale por encima del resto, se le pone el pie encima y se le hace bajar hasta el barro. Y en cuanto más preparado estás, menos te dejan subir, alguien que, sin duda añguna para los mediocres, es un enemigo a eliminar.

Y el caso más flagrante es ver que existe una gran mayoría de parados en España con unas capacitaciones por encima de la media, tanto en estudios académicos, profesionales y de experiencia, que se le niega el puesto de trabajo, por múltiples excusas, a cual más absurda.

Un ejemplo. Vamos a suponer que una persona con ha tenido durante más de 5 años un puesto de trabajo de mando intermedio, a nivel de jefe de departamento (director administrativo, de producción, de ventas,…), si buscas un puesto de trabajo acorde con tu nivel profesional se puede encontrar con frases como estas: “no tiene la experiencia suficiente para el puesto solicitado…”, “aunque buscamos a alguien con más de 5 años de experiencia en el puesto de director, buscamos a un joven sobre los 25 años…”, y así podemos seguir con infinidad de contestaciones absurdas.
Pero si lo que hace es buscar un puesto por debajo de sus posibilidades, ya que necesitas el trabajo, te puedes encontrar con contestaciones e este tipo “está demasiado capacitado para el puesto que ofrecemos…”, “Si le contrato, mi puesto de trabajo puede peligrar, jajajajaja…”, “aunque buscamos a alguien con experiencia, no queremos tanta experiencia…”, “Hace mucho tiempo que no ha sido ‘trabajador base’, por lo que no tiene suficiente experiencia…”, “Buscamos a alguien con su experiencia pero con menos de 25 años,…” o el peor de los casos, cuando es el dueño el que hace la entrevista de trabajo: “Con este curriculum, no puedo contratarle, ya que seguro que en breve me pedirá un aumento de sueldo que no se lo daré y se marchará, por lo que deberé hacer de nuevo un proceso de selección que me comporta mucho trabajo…”

Estas absurdidades me recuerda que hace algo más de 20 años apareció en Barcelona un anuncio de trabajo, en el diario La Vanguardia, que fue muy comentado en muchos ámbitos, por el nivel de absurdidad (y no, no fue un error): “Se busca recepcionista de 20 años, con una o dos titulaciones universitarias, con un muy alto nivel de inglés, francés e italiano, valorándose también sepa el alemán”.

El mediocrismo se asienta cada vez más a nuestro alrededor…

Y si encima estas entre los que están en esta situación y no has encontrado trabajo en años, los que se alegran de tu “fracaso” (o mejor dicho, de “su triunfo”), te acusan de ser un inútil, inepto e inadaptado…

En cuanto se dice una mentira, unos rumores perniciosos en contra de alguien, es muy difícil que la verdad limpie esa mancha.

Y si entramos en algunos ambientes, ya no políticos españoles (es que perfídico a más no poder), sino en los de ocio, nos podemos encontrar con innumerable gente gris que gestionan su influencia a base de urdir insidias, tejiendo grandes mantos de mentiras que como una red tiran sobre quienes llegan con aire nuevo, ideas originales, ganas de tirar adelante, y que no les cuesta nada señalarles con el dedo.

Tengamos muy en cuenta que son los mismos Homer, siempre los mismos, los que no quieren que nada cambie. Los que no quieren dejar que el cangrejo de al lado suba más que ellos y solamente apoyarán, ayudarán, respaldarán, a quienes se dejen manejar.

Por suerte lo que no te mata te hará más fuerte. Y quizás aquéllos no saben que sus ataques han servido para darles la razón y que, más pronto que tarde, el resto de gente, cansada de estas historias (porque, si, cansa hasta a muchos no-tan-mediocres), empiece abandonar a los cangrejos que tiran hacia abajo y empiecen a unirse para posar por encima de ellos. Es cuestión de tiempo, pero poco tiempo.

Papá Vader.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Soñar con Trofeos de Guerra



He visto que hay quien lleva chapas de identificación militar colgando del cuello (donde si no…), a la vista y no ocultas entre la ropa, como los que enseñan sus trofeos de guerra.



En la antigüedad, los guerreros que regresaban victoriosos de sus contiendas, llevaban a la vista los trofeos de la guerra, bien fuese la cabeza de su contrincante, bien las riquezas de este, o ambas cosas.



Hoy podemos ver a jóvenes imberbes, o con cuatro hileras de hormigas en la cara, llevando artículos militares, como si los hubiesen sudado con su esfuerzo marcial, llevándolos con el mismo orgullo que los guerreros en la antigüedad. Y si les preguntas el porque lo llevan, son capaces de repetir aquello de que “la vida es una guerra en la que debemos sobrevivir cada día”. Repiten en la mayoría de los casos, sin tener ni idea de lo que significa. Repiten en la mayoría de los casos, sin sentirlo de verdad. Repiten en la mayoría de los casos, sin saber que es una guerra.



Ha pasado ya mucho tiempo, pero mucho, mucho, desde que Papá Vader volviese del ejército. Pero aun recuerdo como los padres de estos jovencitos imberbes, o los padres de sus padres, me miraban con desaprobación, con descaro e, incluso, con asco, por llevar lo mismo, la chapa de identificación a la vista o la ropa militar puesta, algo que no se veía para nada en España. 

Los tiempos cambian, ya que si es alguien de la familia que lo lleva, bien visto debe ser para todo el mundo. Y pobre del que le reproche a su niño de llevarlo puesto. Orgullo “mal puesto” de padre, que le vamos a hacer. O los tiempos han cambiado o lo que tenían era envidia por no atreverse a llevarlo ello. Incluso hoy en día, lo llevan sus hijos o nietos, pero nunca se lo pondrán ellos. Supongo que miedo/verguenza a que le digan lo mismo que ellos han dicho a cientos que iban de la misma forma…



Recuerdo que cuando volví del ejército (Ups, me acabo de poner en modo “Abuelo Cebolleta” contando batallitas, vaya que sí), no podía llevar la chapa de identificación a la vista, ni la militar (que desde que me la dieron en el 84 hasta hoy, no tenido necesidad de quitármela, más cuando lleva información útil en caso de accidente), ni la personal; esta última es necesaria para mi, ya que soy alérgico a muchas cosas (algo que a los militares no les importó ni lo más mínimo, ni que tuviese las alergias ni que llevase una segunda chapa al cuello). Pero a la gente de a pie, parece que en ese momento, a finales de los 80, fuese un insulto llevar colgado al cuello algo diferente que un crucifijo. Y llevar un Ankh (o Anj) como llevaba, como sigo llevando a mis 50 tacos, desde los 16 añito que me lo puse por primera vez a mi cuello, ni te cuento, que primero me llamaban “moro” y ahora “adorador de lo satánico” (pues sí, como cambian los tiempos, oiga!). Por cierto un Ankh, es también conocido como cruz egipcia, y más recientemente, por literatura juvenil mal informada, desinformada, o con ansias de inventar cosas nuevas, aunque sea el significado de las cosas, como cruz vampírica (animalitos…).



Lo dicho. Cuando regresé de mi estancia en el ejército, casi dos añitos de nada, traje conmigo mis propios Trofeos de Guerra. Más que de guerra, se haber sobrevivido a la experiencia. Me traje el uniforme verde oliva y el mimetizado completo, que aun hoy sigo usando de vez en cuando. Y ya no te digo las botas, el ceñidor, la riñonera,…



Si llevar a la vista las chapas de identificación era tildarte de “mamarracho” y “fantasma”, llevar una chupa militar de color verde oliva por la calle, era llamarte de “facha” para arriba, como poco; y si la que te ponías era la mimetizada, ya ni te cuento, que me han llegado incluso a escupir. En cambio hoy en día, que un joven lleve material militar, o símil, está incluso bien visto socialmente.



Recuerdo que cuando regrese me encontré con un antiguo compañero de juegos del barrio, y se sorprendió verme con la chupa verde oliva puesta encima y me preguntó si pertenecía a Fuerza Nueva o algo por el estilo (partido ultra facha de la época). Casi 30 años más tarde, veo que va con su hijo adolescente vestido con pantalones mimetizados y al preguntarle con sarcasmo cómo es que le deja ir con eso (a veces soy un poco toca narices, que le voy a hacer), me contestó con que llevarlo era algo natural y que “era absurdo que antes no te dejasen ir con esta ropa”. No me puse a reír, ya que me dio más lástima que otra cosa. Como cambia el discurso de la gente, cuando el “Trofeo de Guerra” es de un familiar, a cuando es de un extraño a la familia. Eso… o lo que tenía antaño era otra cosa.



Pero esto, hoy en día, pasa lo mismo con todo y con mucha gente.



Siempre hay alguien que se adelanta a su tiempo y hace cosas novedosas. Cosas que son repudiadas por amigos, conocidos y desconocidos, llegando a la burla y el insulto. Te encuentras con gente que te falta el respeto, que cuentan bulos, mentiras y difamaciones de ti. Si destacas un poco porque te lo has trabajado, si te pones tu “Trofeo de Guerra” bien merecido, porque te lo has ganado con tu esfuerzo, te lo has sudado, siempre te encontrarás con los que te tildarán de fantasma, fanfarrón y "mamarracho".



Pero la gran mayoría de todos ellos, los que te han faltado el respeto, los que han contado bulos, mentiras y difamaciones de ti, son los primeros que en cuanto pueden, sin haber estado en la guerra, sin haber sudado por conseguir esas cosas, son los primeros que se compran una cabeza cortada para colgarsela al cinturón la cabeza, como si de algun enemigo perdedor se tratara, los que se cuelgan sus “Trofeos Fantasmas” al cuello, al igual que los que se cuelgan las chapas de identificación militares, sin haber estado en el ejército. Y si sigo poniéndome mis “Trofeos de Guerra” o alguien me alaba por seguir llevándolos, estos “soñadores de trofeos”, vuelven a la carga recriminando lo que hago, aunque sea lo mismo que ellos están haciendo actualmente, con la diferencia que unos los hemos sudado y ellos, sólo soñado. Es la diferencia entre los que tenemos iniciativa, visión de futuro, y los que se mueven en masa borreguil; entre los que nos atrevemos y los no se separan de rebaño de borregos.





Mientras que unos hacemos y se nos recriminan por hacerlo, otros sueñan con hacerlo y se ponen los trofeos de lo que nunca han hecho.



Papá Vader
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