domingo, 29 de julio de 2012

La productividad personal


Hace unos días, navegando buscando otras cosas, me encontré con un artículo y me hizo que pensar en la productividad personal. Tanto es así que, desde mi perspectiva, me gustaría comentarla, ya que en esta época de crisis, parece ser que la gente se le ha olvidado esto de la “productividad personal”, y siguen haciendo y deshaciendo como si les sobrase el dinero y el tiempo, o como si ganarlo fuese igual de fácil que hace 5 años. Evidentemente también hay gente que está tocando de pies al suelo y ve la realidad actual, por lo que están comedidos en este aspecto. También nos encontramos con aquellos que por el hecho de ganar algo menos (en especial por los recortes  empresariales y por los impuestos gubernamentales), aunque se dan cuenta de que estamos en crisis, gritan, aúllan y se rasgan las vestiduras, como si fuesen ellos los más perjudicados en la faz de la tierra, cuando la mayoría de los que están en peores condiciones, son los que ven todo de forma más positiva.

Creo que lo mejor será explicando que es la “productividad personal”, ya que veo a más de uno a puesto cara de no saber de lo que hablo o con cara de “a este se le ha ido la olla!!”

Productividad

La RAE (Real Academia de la lengua Española) define productividad como “Relación entre lo producido y los medios empleados, tales como mano de obra, materiales, energía, etc.

O dicho de otra forma, es conseguir los objetivos marcados, utilizando óptimamente de los recursos disponibles. Con ello nos referimos a que además de conseguir el objetivo marcado, sino que se debe realizar de forma eficaz.

 

Personal

Se hace referencia a la persona únicamente,  aquí y ahora no sirven los conceptos de grupo, que en Internet podemos encontrar cientos de explicaciones de ello, más teniendo en cuenta que las personas actualmente raras veces trabajan solas; unas veces en el marco del equipo de producción de una empresa, otras con colaboradores para el trabajo de algún independiente. Pero aun así, si se desea mejorar la productividad del conjunto, del equipo, del grupo, de los colaboradores, se debe empezar por cuidar la productividad de las personas.

 

Eficiencia y Eficacia

Siempre se habla que para mejorar esto o mejorar aquello, se debe ser más eficiente y eficaz. Esto quiere decir que las cosas las puedes intentar hacer en menos tiempo o puedes elegir las cosas que haces con más inteligencia. En el primer caso estás mejorando la eficiencia de tu trabajo y en el segundo caso hablamos de incrementar la eficacia.

Desgraciadamente nos solemos encontrar con mucha gente que opina que es exactamente lo mismo una cosa y la otra; o sea que mejorar el rendimiento sólo pasa por hacer más en menos tiempo.

Lo cierto es que sería ideal poner en practica los dos conceptos simultáneamente, pero en la práctica, pocas veces nos permite hacerlo, ya que dependiendo del trabajo, del proceso, del ambiente circundante, predominará uno sobre el otro. Lo importante es que cada uno de nosotros debemos poder detectar cual es el que en cada momento debe imprimar sobre el otro. Obviamente, lo mejor es optimizar ambos aspectos de nuestro trabajo, para avanzar hacia nuestros objetivos con el mínimo uso de recursos.

 

El barco se hunde


Para poder explicar cómo mejorar nuestra Productividad Personal, podemos empezar por asimilar nuestra situación, y para entenderla podemos imaginarnos que somos capitanes de un barco. Como capitán de este barco que lleva nuestro nombre, tenemos dos responsabilidades: hay que controlar el barco –asegurarnos que el motor funciona bien, que tenemos suficiente comida, que la tripulación sabe qué hacer, etc. – y mantener el rumbo – verificar la brújula, planificar la ruta, etc.

Si el barco se encuentra en una tormenta y se está hundiendo –algo parecido a la situación actual de mucha gente– queda claro qué la prioridad en este momento es recuperar el control. Cuando estaremos fuera de la tormenta, volveremos a ocuparnos de regresar a la ruta correcta.

 

Primero control, luego objetivos

Cuando por fin decidimos mejorar nuestra Productividad Personal, lo que solemos hacer es empezamos a fijarnos objetivos. El problema es que para poder llegar a estos objetivos, hay que tener muy claro los proyectos y crear las correspondientes tareas. Como solemos tener demasiado trabajo, queda claro que crear más tareas para cumplir nuestros objetivos, es claro que no es la solución. Si queremos definir y determinar nuestras metas, lo que primero debemos hacer, necesitamos hacer, es controlar nuestra vida para tener espacio de maniobra para cualquier situación.

Y en caso que nos faltaran ambos eficiencia y eficacia, lo mejor es trabajar primero la eficiencia – que equivale al control –, sin olvidar que más tarde habrá que pensar también en el rumbo de nuestra vida.

Porque no avanzamos, procrastinamos

¿Qué es procrastinar? Significa postergación o posposición; es la acción o hábito de postergar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes y agradables.

Una persona verdaderamente productiva tiene una característica muy importante: hace cosas y no las pospone para otro momento.

Podemos planificar todo lo que queremos hacer, usar el mejor gestor de tareas, tener el plan de proyecto más completo y dedicar semanas en desarrollar nuestros objetivos… todo esto no sirve de nada si al final no finalizamos ninguna acción.

Pero esto no es todo: como hay más trabajo que horas (y esto no es falso, ni en estos momentos), no es suficiente solo finalizar las tareas. Debemos hacer una elección: cuáles son las cosas que haremos y cuáles son las cosas que dejaremos de hacer. Hay que identificar las tareas importantes, las tareas que nos dan más beneficios a largo plazo y dedicar nuestros esfuerzos a estas tareas.

Por ello, si realmente queremos ser productivos, solo nos resta seguir dos pasos:
1.       Decidir qué vamos a hacer (y por tanto, decidir qué no vamos a hacer)
2.       Hacerlo.

Aunque parece demasiado fácil, a la práctica no lo es. Nos solemos encontrar en bastantes ocasiones que hay una tarea es más importante que otras, pero que nos dedicamos a hacer otras cosas menos importantes. Aunque mañana vence el plazo de entrega de un proyecto, antes de ponernos a redactarlo, primero consultamos los mail que nos han llegado (y el Facebook aquellos que tienen la “drogodependencia” más fuerte). Sabes que tú jefe o cliente está esperando el informe, pero lo que primero haces es organizar los papeles que tienes en la mesa, por decimoquinta vez. Somos conscientes de que hay tareas importantes para finalizar, Pero dedicamos tiempo a otras cosas.

Este comportamiento se llama procrastinar. Existen varias razones porque procrastinamos y cada causa tiene sus soluciones. En todos los casos, el primer paso es ser consciente de que lo estamos haciendo. Ahora mismo estás leyendo este texto. ¿Realmente es el mejor uso de tu tiempo? Espero que la respuesta sea un rotundo, porque la información en este artículo te ayuda a mejorar tu forma de trabajar, dando mejores resultados a largo plazo.

Para empezar a eliminar la procrastinación, debemos analizar el uso de nuestro tiempo. ¿A qué tareas hemos dedicado más tiempo? Podemos hacer un control de uso de tiempo en una sencilla hoja de papel: cada 15 minutos apuntas qué estás haciendo en este momento. Después de algunos días tendremos suficientes datos para analizar cómo estamos usado nuestro tiempo.

Inténtalo durante unos días, de lunes a viernes, por ejemplo, los resultados te sorprenderán.

Hay más trabajo que horas

Aunque p arece una contradicción, pero hoy en día, en plena crisis económica, el volumen de trabajo que tenemos es más grande que nunca. Tenemos que avanzar nuestras empresas, hacer más eficaz a las instituciones públicas, y todo esto con menos personal. La única manera de hacerlo es trabajar más inteligente: elegir qué vale la pena hacer y qué hay que dejar de hacer.

Debemos mirar atentamente las acciones que tenemos pendientes en este momento: hay 32 mensajes de correo sin leer en la bandeja de entrada, tenemos que escribir tres presupuestos para clientes nuevos, dentro de una hora empieza la reunión departamental, hay que cambiar el aceite del coche, la semana que viene es el cumpleaños de nuestra pareja – ¿ya tienes regalo? –, te gustaría aprender inglés, tienes que finalizar el informe sobre los resultados del proyecto, hay que planificar las sesiones de evaluación del personal, el antivirus no se actualiza, etc.

 

Tienes demasiado trabajo

Si gastásemos parte de nuestro preciado tiempo en realizar  una lista de todas las acciones pendientes, tendremos al menos cien tareas. Si realizásemos todas las tareas, necesitaremos al menos un mes para finalizarlas todas. Pero cada día se reciben veinte emails y cincuenta llamadas con nuevas tareas. Cada día recibimos más trabajo nuevo y el volumen total de cosas pendientes crece. Muchas veces apuntamos estas nuevas tareas, pero ya sabemos que muchas de ellas no vamos a tener la posibilidad de hacerlas.

 

Decir no

Para poder realizar las cosas realmente importantes, debemos aprender a decir una palabra que a muchos les cuesta horrores decirla: NO. Debemos aprender a desechar tareas no son tan importantes para nuestros proyectos. El mejor momento para eliminar trabajo es cuando recibes la petición de una tarea nueva, de lo contrario, la lista crecerá y crecerá y crecerá….

El único problema es, ¿cómo saber qué tareas puedes descartar? ¿Cómo puedes establecer prioridades?

 

¿A qué te dedicas?

Las dos únicas razones reales para realizar una tarea son la responsabilidad o la acción que ayuda a lograr los objetivos a largo plazo. Nuestras responsabilidades describen la situación actual: qué tenemos que hacer y cuáles son las cosas que nos impiden conseguir el objetivo. Nuestros objetivos explican qué cambios queremos aplicar a esta situación actual. Si una tarea no es responsabilidad nuestra ni nos ayuda con nuestros objetivos, es de lógica que no deberíamos hacer esta tarea, ya que realmente pertenece a otra persona que quiere que se la hagamos por ella.

Tener claro cuáles son nuestras responsabilidades y objetivos es la única condición inamovible para poder descartar tareas. Si no tenemos claro a qué nos dedicamos, acabaremos con demasiado trabajo para hacer.


Papá Vader

lunes, 16 de julio de 2012

[General] Los Seudo-Estandartes Culturales.



Estando por andurriales de Internet, he leído que hay gente que indica y aconseja a otros que se puede considerar arte o cultura y que no se puede considerar, cual estandarte cultural del nuevo milenio, y gran conocedor de los temas fuese.

Yo personalmente no me atrevo decirle a nadie que debe pensar, que debe decir o que debe considerar cultura (y esto último es de lo que menos me puedo atrever), pero un mínimo de coherencia, personalidad y saber tomar mis propias decisiones, eso sí que puedo hacerlo, sin necesidad que nadie me lo diga (y que conste que hay gente que se ha enfadado conmigo por eso mismo, porque tengo criterio propio sobre las cosas y no hago ni digo lo que el enfadado quería).

Estos seudoestandartes culturales pretenden hacer creer que lo saben todo y que no necesitan a nadie que los asesore y que si de ellos dependiese, rehacían completamente los libros de arte y cultura. Sin embargo pertenecen a minigrupos que suelen ser segregacionistas y estar separados del resto del movimiento cultural internacional. No, no estoy hablando de un movimiento o hobby en concreto, sino de las aficiones en general. Y en los que más nos podemos encontrar este tipo de personajes son en los movimientos contraculturales y en los de habilidad manual, como en el hobby de miniaturas y dioramas. Se rodean de pequeños corpúsculos de gente que hacen la ola cada vez que abren la boca para decir algo y por ello se crecen cada vez más y cada vez más la dicen más gorda (me refiero a la metedura de pata).

Pero empecemos por como reconocerlos. Estos “mandatarios” de los minigrupos suelen haberse crecido tanto por su desmán de charlatanería, consiguiendo hacer creer a su sequito que lo que dicen es totalmente cierto. Lo primero que denotaremos es la prepotencia y la arrogancia. Prepotentes ya que puede llegar a obligar a gente a hacer o decir cosas que él mismo no se atreve decir, para no quedar en entredicho; y arrogantes ya que ante cualquier metedura de pata son capaces de llegar a decir que la culpa no es suya, sino del sequito que le rodea, y si estos se quejan, cambiar el discurso, pero con la arrogancia de intentar hacer creer que el error siempre es de los demás, nunca suya. Otro denominador común de los seudoestandartes culturales son los enfados o pataletas infantiles que pueden llegar a coger, por que otros no tienen su misma forma de pensar, llegando incluso a difamar al los Estandartes Culturales reales, para parecer que ellos son los auténticos y los que “reciben” todo el daño del mundillo; eso sí llorones, acusicas y quejicas, un montón (este me ha echo esto, aquel me ha dicho aquello,...). Estas pataletas, envidias y enfados muchas veces son debidas a que no entienden porque hay gente que consigue logros personales y consiguen difundir la cultura y hacerse un renombre; lo que realmente no quieren ver es que esto se consigue únicamente a base de trabajo, sudor y esfuerzo. Y no lo quieren ver ya que ellos pretenden obtener lo mismo y mas sentados en sus poltronas, con mirada prepotente, manos cruzadas tras la cabeza y con los pies sobre la mesa, esperan obtener lo mismo o más sin trabajarlo, sin sudarlo y sin esfuerzo alguno, sólo por decir que es quien es, mientras con mirada dictatorial, exigen a sus allegados que les pongan sobre “su” mesa las medallas de los logros de estos, para  poder autoimponérselas en su pecho. Como los que logran triunfos y les otorgan medallas no son “sus” allegados, se enfadan y sueltan frases como ' que tiene “ese” que no tenga yo ', ' YO me lo merezco más que “ese” ', ' yo lo he visto/pensado antes y por lo tanto soy el primero ', ' como lo mío es mío, es mejor que lo de “ese” ', y otras perlas por el estilo.

Estos seudoestandartes culturales, que son capaces de determinar incluso que es arte y que no lo es, como si poseyeran una licenciatura en dicha especialidad, suelen auto proclamarse los abanderados de la cultura, pero curiosamente no hacen ni un mínimo esfuerzo para potenciarla ni promocionarla. Es más, llegan a enfadarse cuando ninguno de sus más allegados realiza esta tarea en su nombre. Pero eso si, aunque este esfuerzo lo realice otro, perteneciente a su minigrupo, exigirá que aparezca su nombre por delante de todos, cual capitán que dirige a sus tropas como si hubiese estado en primera línea de fuego.  Pero si por desgracia nadie del grupo lo hace y otra persona, más conocedora del tema de fuera del minigrupo realiza esta tarea, el enfado puede ser tan monumental que la compostura y la educación suelen lucir por su gran ausencia, llegando a “rasgarse las vestiduras” porque otros se han adelantado en lo que él iba a hacer.

Eso si este tipo de personajes no están solos en el mundillo que le per toque, por lo que para evitar que los miembros de su minigrupo puedan “fugarse” ante alguien que pueda ser realmente un estandarte cultural, no autoimpuesto, crearán sus propias jornadas, sus propios eventos, ya que de esta forma evitarán presentarse a los eventos que están reconocidos culturalmente, llegando a desprestigiar a estos últimos hablado mal y despotricando todo lo que puedan y más sobre los miembros del staff del "otro" evento. Si a sus microjornadas no se presentan más que sus seguidores, pueden llegar a decir que existe una conspiración judeo masónica en su contra (que no es lo mismo que en contra del grupo, ¡ojo!).

Alguno de los lectores a estas alturas habrá notado la estrecha relación que existe entre estos minigrupos y las repúblicas bananeras que anteriormente ya traté en otro artículo. Pues sí, lo han notado correctamente, ya que cuando algún miembro del minigrupo empieza a pensar por sí mismo y tiene su propio criterio, los echan cual perro sarnoso fuera de su minicomunidad. Pero… Ah! una vez iniciada la primera expulsión, es como si se hubiese rasgado el velo que tienen los concubinos ante sus ojos y se inician las desbandadas progresivas de los miembros de los minigrupos, llegando al final a quedar pocos (o ninguno) que puedan dar fe de los peudoconocimientos de su líder.

Y cuando por fin alguno de los integrantes de algún minigrupo se le ocurre una idea auténticamente cultural, todos se ponen de acuerdo en que  se debe hacer todo el movimiento para generar en realidad esta idea. De repente todos hablan de hacer esto, hacer lo otro, hacer lo de más allá, el seudoestandarte promueve la iniciativa y anima a sus seguidores a que aporten más ideas, más trabajos a realizar. Pero… ¿quién le pone el cascabel al gato? De repente todos los que han estado hablando de hacer, empiezan a buscar escusas para no hacer, empezando por el líder, el cual alega que él, mancharse las manos con este tipo de trabajos, como que no, que sólo aportara su nombre, siempre que la idea se plasme en algo positivo y bien hecho, si sale mal, ¡pobre del que ponga o mencione su nombre!, llegando a declarar que él y su grupo (eso sí, su nombre por delante de todos) se desvinculan de lo sucedido o de lo realizado. Pero no sólo desaparecen para poder iniciar la actividad o “ponerle el cascabel al gato”, sino casi lo más importante ¿Quién fabrica o compra el cascabel? Nuevamente todos desaparecen y si el que ha tenido la gran idea se atreve a hacerlo (fabricar el cascabel y ponerselo al gato, todo él solito y sin ayuda de nadie), después de termina la actividad en solitario, descubre que su nombre en último lugar en el cartel, en el que aparecen como organizadores sus "compañeros", que se han autoimpuesto medallas por doquier y casi regaladas a peso, y que encima su nombre, no sólo está el último, sino que aparece como simple colaborador; debido a este "desprecio" por parte de sus compañeros, dejará de hacer actividad alguna, por muy buenas ideas que tenga… Y es así como se mata a “la gallina de los huevos de oro”.

Pero lo más importante de estos “seudoestandartes culturales”, es la insistencia obsesiva de que todos los que del movimiento cultural o hobby deben pensar, hablar, escribir y actuar de la misma forma que ellos, aunque estén claramente equivocados, falten el respeto o estén en una falta evidente de conocimientos culturales.

Así que, sin más que decir, sólo me falta daros un consejo: estad vigilantes y alejaros de los seudoestandartes culturales. Pueden ser dañinos para la salud.

Saludos.
Papá Vader
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