miércoles, 30 de noviembre de 2016

Atención al cliente. ¿En qué puedo ayudarle?

La atención al cliente de la gran mayoría de operadores de telefonía, tienen una eficacia directamente proporcional al servicio global que te ofrecen. 

No es sarcasmo, es realidad.


Si la empresa de telefonía tiene una Asistencia técnica, tanto presencial como telefónica, con un nivel muy alto, la atención al cliente es atenta y buena. En cuanto la asistencia técnica empieza a tener un nivel ligeramente medio o algo bajo, la atención al cliente… no es bajo, es inexistente.

Y ya no hablemos de facturación. Sea el nivel de servicio global que se tenga, la facturación es siempre la misma en cualquier operador: pésima. Este departamento está en constante navidad, no porque reparten amor y felicidad, sino por “te cobran y te vuelven a cobrar”, antes de solucionar el problema con una factura. Y después, lo que les cuesta deshacer su error. Son empresas que quieren hacer dinero, sin importarle si los errores les puede costar mucho.

Un oficial compañero del curro en la Estrella de la Muerte, no recuerdo si de tropas de choque o de algún nivel administrativo, ha comentado los problemas que tiene con una factura del móvil de su esposa. A lo que le explico un par de ejemplos por los que Papá Vader ha tenido que pasar por el mismo problema: la “desatención” al cliente de las empresas de telefonía.

Y no conozco aun a nadie que si han tenido un problema con una factura, no le haya pasado lo mismo.

Hace muchos años, cuando la única operadora era Telefónica, a mí me cobraron (mejor dicho, intentaron cobrar) 75.000 ptas., de una factura, cuando lo normal era pagar sobre los 1.500 ptas. al mes. En cuanto me llegó la factura, observo que desde mi número de teléfono se han hecho dos llamadas, a Inglaterra, de media hora primero y una hora después uno más de 25.000 ptas. y el otro cerca de  45.000 ptas., los dos el mismo día. Hablo con el departamento de facturación y expongo mi queja, ya que yo no he hecho estas llamadas y sé que, haciendo un trabajo simple de “arqueología” telefónica por parte de sus técnicos, pueden saber desde donde se ha hecho la llamada, si desde mi teléfono fijo (si, eran fijos en aquel momento), desde la caja de conexión de la calle o desde el nodo más cercano.  La señorita que me atendió, muy borde por cierto (y lo digo de forma suave, muy suave) me informó que hasta que no pagase esta factura no iban a hacer nada para averiguar si tenía o no razón. Un amigo que trabajaba en Timofonica (perdón, telefónica), me hizo este favor antes de llamar y descubrió que estas llamadas se hicieron desde el nodo de Horta (Barcelona), por lo que lo más seguro es que un empleado de esta compañía pincho mi número desde la central de Horta. Cuando pregunto si después de pagar la factura se demuestra que tengo razón, si me devolverán el dinero. Y la respuesta fue más sorprendente aun.

- “Nooo!!, se le ira descontando el 10% del importe entregado a cuenta en las sucesivas facturas, hasta que Telefónica haya entregado el dinero amablemente adelantado”. - ¿¿importe a cuenta? Ante mi enfado, la simpática señorita me colgó en medio de mis preguntas siguientes, diciendo, sin dejarme hablar -“ya está todo hablado y que sí o sí, tiene que pagar antes de reclamar nada”.

Evidentemente no pagué y durante 10 años no he podido tener un teléfono a nombre de Papá Vader. Y me ha dado igual fue la época que empezaron a salir los teléfonos móviles de prepago.

Pasados los años, mientras trabajaba con un zapatófono de prepago, que mucha utilidad me dio, y con los móviles de empresa que desde entonces he estado constantemente llevando, no tuve ningún problema. Tengo que decir que Airtel (actualmente Vodafone) se comportó siempre muy bien conmigo, ante cualquier duda o problema. Hasta que cambió a Vodafone.

A parte que después de ser absorbidos por la empresa británica, constantemente me cambian de tarifa sin mediar palabra, sin informa, sin consultar, por ser de prepago. Decido poner los móviles que tengo (el de Papá Vader, Mamá  Vader, Luke y Leia), de forma nominal, a nombre de Mamá Vader, ya que me indican que me darán mucho mejor servicio de esta forma. Lo que hago es pagar más cada mes, porque el calvario con Vodafone, continúa. Y por lo que tengo entendido es más o menos igual con cualquier otro operador.

En un momento determinado, el número que tengo actualmente asignado a mí, se queda bloqueado y sale un mensaje que debo hablar con atención al cliente, por tener un saldo negativo. Lo primero que hago es hablar con el resto de la familia Vader, pero ninguna tiene el teléfono bloqueado.
Curioso.
Miro también a ver si la factura se ha pagado, y llevamos más de 15 días con la factura en curso pagada. Y todos los meses anteriores, en los últimos 4 años, sin problemas de pago.
Muy curioso.

Decido por fin hablar con atención al cliente de Vodafone. Al exponer mi problema, la conversación se transforma en un diálogo de besugos.
- Le habla kjlljbuin (nombre inaudible de lo rápido que lo dice y mal vocalizado) de Atención al Cliente de Vodafone, ¿en qué puedo  ayudarle?
- Hola Soy Papá Vader y mi número es el 666 666 666. Me han bloqueado el móvil y me gustaría saber porque.
- Dejeme ver… le ha sido cortada la línea por falta de pago.
- No puede ser ya que tengo todo corriente de pago –empiezo a ponerme nervioso y a alucinar.
- El ordenador nunca se equivoca y si dice que usted no ha pagado es que no ha pagado –ya empieza con sorna borde y a elevar el tono de la voz.
- Verá señorita, tengo 4 móviles en la misma factura y sólo tengo este bloqueado.
- Ah!! Entonces hemos cometido el error de no bloquearle el resto. Espere que procedo a bloquearle los restantes. ¿Me puede facilitar el número de los otros 3 móviles?

Si me hubiesen visto sin la máscara, se habrían dado cuenta de que tenía el rictus de la cara de estar alucinando, tras la ingestión de una gran cantidad de setas alucinógenas.

- A ver… ¿no ha dicho el ordenador nunca se equivoca? ¿Por qué no tengo bloqueado el resto? –y todo con tono de alucinado.
- Caballero -el tono de la señorita era casi gritando en ese momento -, no se entera usted de nada -¡y encima faltando el respeto!- No sé porque no están todos bloqueados, pero esto lo puedo hacer yo sin problema ¿me puede facilitar el resto de números?  ¡¡Es su obligación!!
- No entiendo!! – no sé si pensar que no tiene muchas luces o que me está tomando el pelo y esto es la cámara oculta – Primero no me grite y no me falte el respeto.
- Yo le falto el respeto porque usted no le da la gana de colaborar y si le chillo es para que se entere, que parece sordo!!
- A ver –Prefiero pasar de lo que me dice, está fuera de sí- A parte que en el ordenador debería aparecerle los 4 números de teléfono, no me tendría que decir que me va a bloquear el resto de móviles sino que debería solucionarme el problema o darme un explicación al respecto. Por favor deme su nombre y páseme con un responsable, por favor.
- ¿Sabe, señor Vader? Han pasado más de 10 minutos y no puedo seguir hablando con usted.

Y cuelga…

Me costó unos 30 segundos en reaccionar y lo primero que salió de mis cuerdas vocales fue “¡Hija de Puta!”.

Me hago una tanda de respiraciones para calmarme, y vuelvo a llamar. Esta vez el caballero que me atiende está por la labor e incluso sabe el nombre de la señorita que me ha atendido antes, ya que me indica que todos los operadores quedan registrados en el programa de forma automática por cada gestión realizada (o sea, con muy pocas luces).

Al principio me indica que es por falta de pago, como me decía al principio su compañera, pero al indicarle que no todos los teléfonos estaban cortados, mira la ficha y me confirma que estoy al corriente de pago y que esto no es normal. Me deja en espera un momento (no llega ni a 5 minutos) y cuando retoma la conversación me dice:
- Siento mucho lo pasado, Señor Vader. Ha habido un error, posiblemente por algún numero mal, que ha hecho que le bloqueásemos el móvil cuando no tenía que ser así. Me dicen que en breve se le restaurará.

Dicho y hecho. Antes de colgar, recibo un mensaje en el que me indican que la línea del móvil ya está restablecida.

Conversación con la desagradable mujer del principio, entre 15 y 20 minutos, sino más. 

Conversación con el caballero eficiente, no creo que llegasen a los 8 minutos. La primera llamada sin solucionar, y la segunda, completamente solucionado.

Y como esta, podría contar muchas más de Vodafone.

Cuando decido cambiarme a Orange, por precio y prestaciones, un señor, muy desagradable de Vodafone, me  llama y me amenaza con no liberarme el móvil si no pago por segunda vez la factura pagada hace algo más de 48 horas.

A este señor desagradable, que no me deja hablar en todo el rato que lanza sus amenazas /si, si, amenazas del tipo denuncia, policía y prisión), en cuanto puedo hablar y le comento que la conversación está siendo grabada y que soy socio del OCU (y es dicho tal cual), este se calla durante unos segundos, cambia el tono a agradable e intentando hacerse el simpático, me dice que no es legal grabar la conversación sin su permiso, a lo que le contesto que las amenazas vertidas son menos, mucho menos legales y que un juez me dará la razón ante daños y perjuicios.  El desagradable cuelga, sin mediar más palabra. Cinco minutos después llama otra persona, un caballero muy agradable y con tono de buen amigo, pidiendo perdón y que no se habían dado cuenta del error que habían sufrido, ya que el pago esta hecho desde hacía dos días. Me informa que me liberan de la compañía y que puedo ir a Orange.

Curiosamente, esta misma conversación se repite, un año después.
Pero lo divertido es que cuando le informo que no me pueden bloquear el traspaso porque llevo un año en Orange. El insultón (que podría ser el mismo de hacía un año, no sabe que decir ni pide perdón y cuelga. Mamá Vader me pregunta si el equipo de sonido de mi mascará se ha estropeado, ya que hacía tiempo no me había oído reír tanto ni tanto rato.

Y después empresas como Movistar, Vodafone o Jazztel se preguntan porque pierden clientes constantemente.

Ante estas situaciones, siempre me viene a la mente aquella frase de “si pagas con cacahuetes, contratarás sólo monos”.


Papá Vader. 

domingo, 20 de noviembre de 2016

La ineptitud de los mandos.

Hace unos días, a raíz de una conversación, saqué del baúl que tenía bajo llave en ese desván llamado “recuerdos”, una historia curiosa que me pasó estando en el ejército, en el 85.

Al abrir mi pequeña caja de Pandora particular, he visto de refilón las cosas negativas de esos dos años de mi vida, que en su mayoría fueron buenas o aceptables para haber estado en el cuerpo de los almogávares, como compañeros heridos en maniobras, la disciplina legionaria, compañeros frustrados y amargados por haberse alistado, el “puteo” del veterano reenganchado que quiere ser expulsado antes de tiempo, aunque sea con deshonor,… Cosas malas o no tan buenas como el resto que no tengo guardadas en el baúl.

Como decía, estuve hablando con un amigo sobre la ineptitud de los mandos en la actualidad, recordando un caso, ni bueno ni malo, sino simplemente curioso que me paso en unas maniobras, y no dista mucho de ser diferente la actitud actual de la de hace 30 años.

En estas maniobras, después de toda una mañana de constante traqueteo (traqueteo de las MG 47 de mi sección de armas de apoyo, se entiende) nos dieron descanso para ir a comer. Acabábamos de empezar a comer cuando un par de ráfagas perdidas de alguna MG de otra compañía, impacto entre las hileras de los vehículos donde estábamos descansando. No paso nada más… bueno, sí, la ineptitud y cobardía infame de algunos mandos. De los mandos superiores de la compañía.

Nada más empezar a caer los primeros impactos, todos los que estábamos cerca de estos (a mí me pasaron a menos de un metro) tuvimos los reflejos ávidos y nos ocultemos, algunos debajo de los jeeps, otros, como yo, detrás de uno de ellos. Pasados unos instantes fui de los primero (o el primero, no lo sé) de sacar la cabeza para ver de dónde venían los disparos. No se veía nada, ningún destello. Seguía el silencio en mi entorno inmediato, sólo oía mi respiración y los latidos de mi corazón. Y la adrenalina por las nubes. Entonces oí a unos 50 metros gritar al capitán algo a su radio sobre que tenía que ponerse en contacto con Plana Mayor para avisar del alto el fuego. Han pasado más de 10 minutos.

Mientras, yo decidí terminado de comer, ya que no había más disparos y el silencio seguí latente.

Mientras tanto, el teniente de nuestra sección de armas de apoyo, “mi teniente”, estaba histérico perdido, blanco como la nieve y no paraba de correr de un lado para otro y de chillar cual quinceañera asustada, daño saltitos absurdos y diciendo, creo, algo como “todos a cubierto” una y otra vez. Si hubiesen vuelto a disparar, fijo que le hubiesen impactado, ya que no paraba de estar en medio de todos los sitios, y con las partes bajas mojadas (y no es broma).

Este teniente, (ya no recuerdo el nombre, pero lo llamábamos “Lo Torpe”, ya que con sus casi 2 metros de altura era capaz de tropezar y caerse de cabeza en medio de un desfile,… o casi), pasados ya unos 15 minutos después de la ráfaga de balas, se dio cuenta que yo estaba oculto tras un jeep y terminando de comer. Esto le puso más histérico aun y me pregunto porque no estaba como él (supongo que se refería a histérico). Al responderle, cuadrándome como se debe hace, que hacía más de 15 minutos que no nos disparaban, que no debía preocuparme más, entonces chilló algo ininteligible para mí, dándole una patada a mi bandeja de comida y tirando lo que me quedaba de la comida por el suelo. Menos mal que era un teniente, que sino… y sobre todo a que salió corriendo, pálido como el mármol blanco de las esculturas de un cementerio, dando saltitos absurdos y chillidos de quinceañera, en pos del capitán.

Pasados unos diez minutos más, y después que nuestro teniente se perdiese tras una pequeña loma con un pequeño muro, vestigio de algún cercado de la casa abandonada en medio del campo de maniobras en el que nos pusimos a descansar, dejando a su sección, a todos nosotros (unos 30 paracas) tras los vehículos a 50 metros de distancia, oí como me llamaba el segundo al mando de la compañía, el Teniente Alcaide (que después, y supongo que a raíz de este incidente, se convirtió en el teniente de la sección de armas de apoyo), para que avisara al resto de compañeros que cogiésemos nuestros bártulos y nos fuésemos tras la loma, donde se refugió el resto de la compañía tras la única ráfaga sufrida. Avise a los sargentos y estos organizaron, con calma y orden, como dos buenos profesionales, nuestra “retirada” hacia la loma, de forma escalonada, quedándome yo para el final junto con los sargentos. A mi teniente le repateó que no corriese como él, y que me lo tomase con calma y frialdad.

Al llegar tras la loma, otra imagen absurda de ineptitud suma. Nuestro capitán escondido (porque no podía enterrarse) tras el pequeño muro de escasamente un metro de altura, y de piedra maciza, iba dando órdenes… raras, como por ejemplo obligaba al segundo oficial a que mirará con prismáticos por encima del muro, pero sin asomarse en exceso y que le informara constantemente, con frases como “¿Qué está pasado?”, “¡informe!”, “¿ve alguna cosa?”, “¡informe!”,…, pero sin asomarse él para nada. Todo ello con un mapa del campo de maniobras en sus manos y estar constantemente diciendo al resto de tropa que estuviesen tirados al suelo y que no levantásemos la cabeza… y eso que estábamos tras una loma de cerca de 10metros de alto…

A todo esto, ya llevábamos más de 20 minutos desde las ráfagas de balas.

En vista que el radio de compañía no se ponía en contacto con Plana Mayor, el Teniente 2º al mando me preguntó si sabía la frecuencia de contacto con ellos. Le informé que sí y que acababa de cambiar la pila seca de mi AN/PRC77, ya que estaba viendo que mi compañero de transmisiones, el cabo radio de compañía, no contactaba y se entrecortaba el sonido, muy característico de cuando nos estábamos quedando sin batería. Saqué mi libreta con las frecuencias del día en curso y, antes de llamar solicite me indicasen la posición en la que estábamos. El Capitán, con el plano en la mano, no tenía ni idea de donde estábamos, o no entendía mi “extraña” solicitud. El 2º al mando, con una pequeña fotocopia de la zona, me dio nuestras coordenadas. Inicie el contacto por radio y a la primera hablé con Plana Mayor, indicándole lo sucedido y nuestras coordenadas. Un minuto más tarde, nos informaron que los disparos accidentales hacia casi media hora que habían finalizado y que sentían mucho nuestra situación.

Realmente el radio de Plana Mayor, el cabo 1ª que me instruyo en comunicaciones, se sorprendió mucho que le llamásemos pasada media hora después de los hechos. Y, como sabía que no podía hablar, (habíamos congeniado bien, aun siendo de otra compañía; los dos éramos del mismo barrio de Barcelona), me hacía preguntas y yo contestaba con monosilábicos (si, no, ok, no sé,,…) y dio en el blanco con las preguntas respecto a nuestro radio de compañía, ¿tenía la frecuencia del día en la radio? (respuesta: no sé),  ¿la pila estaba agotada? (respuesta: Si), ¿se había actuado con el protocolo correcto para estos casos? (Respuesta: no). El 2º al mando me miraba, oía mis respuestas (y yo intentando no mirarlo), pero creo que sabía lo que me preguntaban, ya que se reía, incluso a carcajada, meneaba la cabeza mirando al capitán y a su radio, y me confirmaba lo que decía asintiendo… Aquí debo decir, que cuando me pidieron que hiciese yo la llamada, el cabo de transmisiones se dio cuenta y cambio al dial que acababa de poner yo; él tenía el del día anterior. Más tarde me “pidió” que no se lo dijese a nadie (bueno, como él era cabo y yo no, me “ordenó” no decir nada), pero el Teniente, 2º al mando de la compañía, también se dio cuenta de su cambio de dial… Este teniente venia de la SADA y por lesión tuvo que pasar a nuestra compañía. Era todo menos tonto,  primeraco de su promoción y, antes de la lesión, a punto de ser ascendido a Capitán. Exigente y duro con su gente en el trabajo militar, pero humano y comprensivo cuando se le necesitaba.  Lo dicho podría ser de todo menos tonto.

Al cabo de transmisiones, el radio del capitán… al llegar al cuartel, pasó a ser cabo de pelotón.

Y ese fuel el principio del fin de mi carrera militar. Ver tanta ineptitud en los mandos, me tiro para atrás mis ganas de reengancharme dos años más en el ejército. Si todos los mandos se lo tomasen más en serio, aunque fuese “algo” parecido como el 2º al mando…

Desgraciadamente de estos (y peores) me los he encontrado en la vida laboral, también como mandos;  o sea, salir del fuego para caer en las brasas.


lunes, 31 de octubre de 2016

Síndrome de Procusto



Procusto (del griego antiguo Procrustes, literalmente ‘estirador’), también llamado Damastes (‘avasallador’ o ‘controlador’), Polipemón (‘muchos daños’) y Procoptas, era un posadero asesino del Ática (o según otras versiones a las afueras de Eleusis), que se le consideraba hijo de Poseidón. Cuando un viajero solitario se alojaba en su posada, Procusto entraba por la noche en su habitación y le ataba las extremidades a las esquinas de la cama. Entonces había dos posibilidades:
Si el viajero era más grande que la cama, Procusto le cortaba las extremidades que sobresalían (pies, brazos, cabeza…) para que ‘encajase’ exactamente en el lecho.
Si por el contrario era más pequeño que la cama, le ‘estiraba’ hasta descoyuntarlo para que se adaptase a la medida. De hecho, el verdadero nombre del posadero era Damastes. Procusto era su apodo ya que significa ‘el estirador’.

Curiosamente nunca nadie se adaptaba a la medida de la cama, ya que Procusto tenía realmente dos camas para esta tarea: una grande y otra pequeña, que asignaba al viajero, según la altura del mismo.

El héroe Teseo, en el último de sus trabajos, fue quien acabó con Procusto engañándole para que se tumbase en la cama, retando a Procusto a comprobar si su propio cuerpo encajaba con el tamaño de la cama, momento que aprovechó para amordazarlo y atarlo a la cama y, allí, lo torturó para «ajustarlo» como él hacía a los viajeros, cortándole a hachazos los pies y, finalmente, la cabeza.


Del mito a la actualidad.

La incapacidad para reconocer como válidas ideas de otros, el miedo a ser superado profesionalmente por un subordinado o la envidia hacia un subalterno, pueden llevar a algunos directivos o mandos intermedios a evitar su principal función de responsabilidad, que no es otra que tomar las decisiones más adecuadas para su empresa, dedicándose a cortar las ideas, iniciativas y aportaciones de los empleados que pueden dejarles en evidencia ante esta falta de responsabilidad.

A esto se le llama es el Síndrome de Procusto, que su propia definición ya deja claras sus negativas consecuencias, ya que básicamente se ha convertido sinónimo de la intolerancia a la diferencia.

Así, cuando alguien quiere que todo se ajuste a lo que dice o piensa, se suele decir que quiere que se acuesten en el ‘Lecho de Procusto’; más comúnmente dicho como “hacerle la cama”.


Procustos en la empresa.

Para poder reconocer a un mando con el síndrome de Procusto, se puede hacer mediante una diferenciación entre dos formas de concebirlo: los Inconscientes y los Conscientes:
   1. Inconscientes de que lo son: Los que no escuchan otras opiniones de nadie, y menos de sus subordinados, al entender que su idea siempre va a ser la mejor y son los demás quienes deben adaptarse a ella.

2. Conscientes de que lo son: Los que se dan cuenta que entre sus subordinados existe uno o más que pueden destacar más que ellos y hacerles sombra.

Estos pueden detectarse de la siguiente forma:
Inconscientes:
Su  visión siempre es tan clara que se molestan si se les dice que no tienen razón.
No se ponen en el lugar de los demás, aunque creen que sí lo hacen.
Suelen hablar constantemente de tolerancia, multidiversidad, intercambio de ideas… pero cuando esto se produce no soportan que se den opiniones diferentes a la suya y siempre encuentran la manera de criticar o desprestigiar a esa persona.
Conscientes:
Tienen miedo de ‘jóvenes, nuevos y proactivos’ con conocimientos, capacidades o iniciativas que ellos no tienen.
Limitan las capacidades, creatividad e iniciativa de sus subordinados para que no evidencien sus propias carencias, haciéndoles hacer otras funciones diferentes por las cuales se les ha contratado.
Son capaces de modificar su posicionamiento inicial ante un tema si ven que alguien opina igual y puede llegar a capitalizar la atención o destacar sobre él si se acepta esa tesis.

En cualquiera de los dos casos, tanto los conscientes como los inconscientes, siempre llegamos al mismo punto dentro de la empresa, a las consecuencias de ello:
Generan un clima laboral de tensión y estrés.
Fuerza las circunstancias para ajustarlas a su propio modelo.
No optimizan sus equipos. Priman su visión personal, o incluso sus intereses particulares, frente a la maximización del rendimiento y la eficacia.
Deforman, ocultan, interpretan… los datos obtenidos tras un estudio de manera que confirmen su hipótesis previa.
No asignan tareas a quienes las harían mejor, cierran su acceso a proyectos en los que destacarían, no les evalúan correctamente en los controles internos…
Exigen niveles de Calidad y perfección que, en muchas ocasiones, ni las tienen ellos ni se pueden alcanzar.
Por su autoconvencimiento de tener razón, son más proclives al lanzamiento de productos o servicios que exigen una cierta adaptación del usuario. Esto puede traer éxitos momentáneos si lo que se aporta también es novedoso y atractivo, pero si no se ha procurado adaptarse totalmente a lo que precisa el mercado la competencia pronto lo clonará adecuándolo al consumidor/cliente y llevará al fracaso a quien lo creó.
Y si su idea fracasa, buscará a los que han opinado lo contrario, para usarlos como únicos culpables de ese fracaso.


Aunque parezca mentira, el Síndrome de Procusto es uno de los grandes males de muchas empresas. Y todos hemos visto a muchos mandos que se comportan justamente así. Hay que tener en cuenta que el gran problema de muchas empresas es que tienen empleados en puestos de responsabilidad que han decidido (consciente o inconscientemente) que sus obligaciones no son las que les ha asignado la empresa, sino que su trabajo consiste en mantener su trabajo. Por lo que n tiene sentido contratar a Personas Inteligentes y después decirles lo que tienen que hacer; cuando lo mejor es contratarlos para que sean ellos los digan lo que debe hacer la empresa.

Pero esto último, pocas empresas se han dado cuenta de ello.


Papá Vader.

martes, 25 de octubre de 2016

Los 5 NUNCA de Steve Jobs

Steve Jobs cada vez que daba una conferencia siempre decía que existían 5 Nuncas.

Los repetía una y otra vez.

Pero muchos, muchísimos de los que le escucharon, no han entendido nada de lo que decía.

Y Papá Vader cree que es la base de cualquier persona que quiere avanzar y progresar.

Y Papá Vader cree que es bueno que se vuelvan a recordar

1.  NUNCA aparentar.
2.  NUNCA darse por Vencido.
3.  NUNCA mantenerse inmóvil.
4.  NUNCA aferrarse al pasado.
5.  NUNCA dejar de soñar.

Papá Vader


martes, 11 de octubre de 2016

El Sumiso, el mediocre, el jefe y el líder.


Papá Vader desde hace poco que empieza a entender las clases de persona que hay en la sociedad.

Da igual si es en ámbito político, laboral, social o familiar.  Las clases son las mismas.

La diferencia en el día a día no se percibe, ya que todos pueden ser alegres o tristones, graciosos o muy serios, ricos o pobres, educados o maleducados, dulces o ácidos e, incluso, amables o desagradables en el trato.

No son clases sociales por el estatus del poder económico o social que tenga, sino por la interacción con los demás.

Estas clases son claras en  cuanto aparecen los problemas y es el momento en el que ven claras las diferencias. Los hay quien se dejan fustigar, los que se aprovechan de todo, los que fustigan y los que saben tratar a todos según su valía.

Papá Vader ha separado estas clases en cuatro: el sumiso, el mediocre, el jefe y el líder.

El Sumiso
La gente sumisa es la mayoría. Van y hacen lo que otros, con más decisión o “morro”, les dicen lo que tienen que hacer. Son los obedientes, los “sacrificables”.
Son los que ante un problema se apartan, esconden la cabeza, espera que pase el chaparrón, deja que otro solucione el problema, no se inmiscuye, no quiere mancharse aunque le salpique. Y si les salpica, no hacen nada por limpiarse.
Y sí le culpan del problema, aun no siendo el culpable, y que en la mayoría de casos “sólo pasaba por allí”, se calla y agacha la cabeza.
Suelen ser llamados por los jefes como “los machacas” y por los mediocres como “los pringados”. Los líderes suelen llamarlos “colaboradores”.
Su frase favorita: “La vida es así y no se puede cambiar”.

El Mediocre
Son los que han visto la injusticia que hay entre estas clases e intentará aprovecharse de ello, sin mancharse mucho.
Se autodenominan “la élite”.
Son los que ante un problema buscarán echarle las culpas a quien sea. Si el culpable es él, que lo es en la mayoría de los casos, buscará a un sumiso para culparlo. Y si no encuentra a nadie a quien culpar, entonces es que es una “conspiración” en su contra.
Para los mediocres, los sumisos no son personas, son “gente sin inteligencia”. Los consideran totalmente “desechables”.
Su objetivo es convertirse en jefe, que suelen intentar conseguirlo a base de puñaladas por la espalda a otros mediocres. Y difícilmente suelen pasar de mandos intermedios; no saben ser jefes y son más útiles a los jefes como subjefes o encargados.
Los jefes los denominan “el mal menor”. Los sumisos los llaman “los pelotas” o “los jefecillos”. Los líderes los denominan “la gente tóxica”.
Su frase favorita: “Yo voy de buen rollo”.

El Jefe
Estos buscarán rodearse de mediocres, para poder sentirse muy inteligentes, para que sean ellos los que les filtren los problemas. No quieren mancharse las manos en ningún momento.
El jefe nunca crea los problemas, ya se encargará de hacer que el mediocre los cree, si le interesa. Para el jefe, el mediocre es tan desechable como los sumisos, pero obedecen mejor que los últimos.
Solo sabe mandar y buscar culpables. Nunca soluciona problemas. Y si el mediocre le trae un culpable, sea cierto o no, ya le sirve.
Los sumisos los llamas “el cabrón del jefe”. Los mediocres los llaman “boss”. Los Lideres, “anticuados” o “desfasados”.
Su frase favorita: “El jefe siempre tiene la razón”.

El Líder
Los líderes les gusta rodearse de gente válida, sea de la clase que sea, para que le ayuden y ayudarles en su tarea del día a día.
Se quejarán ante las trabas que le pongan los mediocres por el camino, apoyarán a otros en sus problemas y lucharán ante la injusticia.
Se compromete, se involucra, cumple con sus compromisos, no le importa mancharse las manos con el trabajo. Motiva a sus colaboradores.
Los líderes buscan soluciones y son los primeros en ponerlas en marcha. No buscan culpables, ya que es secundario y no productivo. Es más, los líderes prevén la solución a los problemas, antes de que estos surjan.
Los líderes consideran a los sumisos como “colaboradores” y los tratan según su valía, tanto como trabajador como intelectualmente.
Los líderes buscan a otros líderes entre los sumisos, porque sabe que hay muchos, y sólo hay que saber motivarlos.
Los líderes no tienen “jefecillos”, sino colaboradores con responsabilidades, y se deshacen de los mediocres.
Su frase favorita: “Entre todos, podemos hacerlo”.


¿Alguno se identifica con alguno de ellos?

¿Tenéis problemas para clasificar a vuestros conocidos entre estas cuatro clases?


Papá Vader.

domingo, 11 de septiembre de 2016

EL SINDROME DEL IMPOSTOR

La relación entre estupidez y vanidad se ha descrito como el efecto Dunning-Kruger, según el cual las personas con escaso nivel intelectual y cultural tienden sistemáticamente a pensar que saben más de lo que saben y a considerarse más inteligentes de lo que son. El fenómeno fue rigurosamente estudiado por David Dunning y Justin Krugger , psicólogos de la Universidad de Cornell en Nueva York, y publicado en 1999 en “The Journal of Personality and Social Psychology”.

Se basa en los siguientes principios:
1º. Los individuos incompetentes tienden a sobreestimar sus propias habilidades.
2º. Los individuos incompetentes son incapaces de reconocer las verdaderas habilidades en los demás.

Esto me hace pensar en muchos frentes que actualmente todos en mente, en especial en la política, seguida de muy de cerca en las empresas. Y no olvidarnos de esos conocidos prepotentes que cuestan mucho de quitárnoslos de encima.

Charles Darwin ya nos había avisado a finales del S. XIX que “La ignorancia engendra más confianza que el conocimiento”,  lo que nos demuestra que la sospecha que teníamos de que la mayoría de los humanos tendemos a valorarnos a nosotros mismos por encima de la media, nos demuestra que bastante erróneo.


El síndrome del Importor demuestra que normalmente las personas inteligentes, con un coeficiente por encima de 100 (la media considerada como inteligencia normal) piensan que su inteligencia y sus conocimientos están por debajo de esta media; en cambio, las personas mediocres, los que tienen un coeficiente de inteligencia inferior o igual a 100, se consideraban por encima de la media y, en cuanto menos dotados y más inútiles son, estan convencidos de están entre la élite los inteligentes de la faz de la tierra. 
Esto le preocupa mucho a Papá Vader, ya que según esto los más incompetentes no sólo tienden a llegar a conclusiones erróneas y tomar decisiones desafortunadas, sino que su incompetencia les impide darse cuenta de ello y siete de cada 10 personas han sufrido alguna vez en su vida.

Como decía, esto es la explicación rápida para explicar muchas de las decisiones y desaciertos de tantos “expertos” en economía y política, que nos han llevado a donde estamos.  Esto lo podemos poner en el ámbito que queramos y con esto descubriremos a todos aquellos que se hacen llamar “líderes”, pero que son un más de los charlatanes, sacamantecas y desatinados que pululan por doquier y padecen este “Síndrome de Dunning-Kruger”, y de paso recomendarles que, como suele decir Papá Vader, que “se lo hagan mirar”. La pena es que ellos solos, por si mismos, son incapaces de reconocer que lo padecen.

Antes de valorar la opinión negativamente de alguien, el Síndrome Dunning-Kruger nos demuestra que hay que considerar la posibilidad de que no se dé cuenta de que está errado porque psicológicamente no puede hacerlo. Es decir, alguien puede ser un experto en un tema o el más capaz del mundo en una determinada habilidad, y sin embargo no estar capacitado para darse cuenta de que no lo es en otros temas o habilidades.

Por eso, Papá Vader recomienda que en la próxima discrepancia que tengas con alguien, te preguntes ¿realmente estás más preparado que tu interlocutor en ese tema o lo que pasa es que tus conocimientos de la materia no son los suficientes para que puedas comprender que el otro tiene razón?.

Lo mejor es no dárnoslas de sabios en nada, no sea que también estemos afectados y no nos queramos dar cuenta de ello.

Papá Vader

Fuentes:

sábado, 3 de septiembre de 2016

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