jueves, 18 de julio de 2013

El triunfo de los mediocres.




Hace unos días un buen amigo colgó en FB un artículo, atribuido a Forges, que no sabía realmente de quien es porque es copiado del copiado del copiado del copiado… Lo que suele pasar en este pais, que no se tiene en cuenta que el autor de una obra es importante que aparezca, pero la facilidad de realizar el trabajo inacabado, del trabajo mediocre, siempre llama mucho a nuestro favor, en especial al título de este artículo.



El artículo que colgo este buen amigo hablaba sobre la mediocridad de la mayoría de la gente, en especial en España. En él se decía que ya iba siendo hora de que entendiésemos que la crisis que todos estamos pasando, algunos más que otros, es más que la parte económica, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo, y no terminará cambiando a un partido por otro, por muchas medidas urgentes que ofrezcan.
 
Se debe admitir, más le duela a muchos, que nos hemos convertido en un país mediocre, que hemos creado una cultura, una sociedad, en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación, a los que nos creemos sin cuestionar sea cierto o no lo que dicen, a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan, donde los jefes se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza. Les aplaudimos sus gracias y acciones y los seguimos con fervor porque son de los nuestros, iguales que nosotros, con nuestras mismas aspiraciones mediocres, con las mismas mentiras que nos contamos para sentirnos bien, y porque nos dicen sólo aquello que únicamente queremos oir. Estamos tan acostumbrados, tan imbuidos a nuestra mediocridad, que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. 

Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de más de 2 horas al día frente a un televisor que muestra básicamente programas con contenido basura, sin sustancia y sin una adicción cultural, esta inexistente; que en toda la democracia no ha dado un presidente que hablara inglés o tuviera mínimos conocimientos sobre política internacional; que ha reformado su sistema educativo trece veces en tres décadas (más de 4 veces al año!!), y desde llevar a los estudiantes a ser los más reclamados internacionalmente, a situarlos a la cola del mundo desarrollado; un país que no tiene una sola universidad entre las 100 mejores del mundo; en donde se fuerza (obliga) a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir;  un país con una cuarta parte de su población en paro que sin embargo encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas; donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada, donde el robo de ideas es premiada, y el quejarse, el defenderse y la independencia sancionada; donde la máxima aspiración de la mayoría de jóvenes es ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano; donde los políticos nos insultan sin aportar una idea, ni buena ni mala, sin indicar una nueva dirección, nueva visión o punto de vista diferente a los temas actuales.

Mediocre es un país que ha permitido, fomentado, celebrado el triunfo de los mediocres.



Pero lo más curioso del tema es que hace ya tiempo vengo recogiendo cierta “información, una opinión, muy parecida a lo indicado anteriormente, respecto a los mediocres.



Hace un tiempo, más concretamente el 07/11/2012, en La Vanguardia, le hacían una entrevista a Miguel de Grandy http://www.lavanguardia.com/lacontra/20121107/54354241803/la-contra-miguel-de-grandy.html. Debo reconocer que en ese momento me sorprendió mucho ver que no soy el único que tenía esta misma perspectiva de los mediocres. Y hoy, con lo puesto arriba, me ratifica más todavía.



Para poder entender que realmente es un mediocre, debemos partir que cada uno de nosotros, en nuestra profesión, “puede ser” que tengamos niveles diferentes de conocimiento, de habilidad, según nuestra experiencia y profesionalidad, respecto a nuestros compañeros. Pero lo que tenemos que tener muy claro es que nunca existe el nivel “divino”. Pero los mediocres constantemente se creen “auto-divos”, más para sentirse bien y creerse ser alguien en “su mundo”. No hace falta demostrar nada a nadie, por lo que lo mejor es ser humilde. Nunca prepotente, hacer creer a los demás lo que no serás nunca, no anunciar nunca algo que no sabrás ni hacer ni conocer, por lo que se debe tratar con respeto y condescendencia a todos. La hipocresía y el intentar quedar bien, es otra forma de creerse esa “divinidad”, ¿no se entiende que nunca se podrá quedar bien con todos, en especial para los que se hace todo esto?



Los “auto-divos” son moda hoy. Mañana la gente no recordará ni el nombre.



Normalmente el mediocre no avanza en ninguna dirección, es el que no quiere mejorar, el que no quiere aprender más de lo poco que sabe, el primero que se dedica a anunciar a los cuatro vientos cuan maravilloso que llega a ser, que bueno que es haciendo esto o aquello,… La realidad es bien distinta, ya que suele ser desagradable con los no-aduladores, un dictador bananero en acción. Muchos de estos Divos-mediocres suelen no hacer nada de lo dice que hace, se atribuye el trabajo de otros como suyo y si hacen algo  por sí mismos, su nivel y calidad es tan ínfimo, que más que risa dan pena. Suelen ser los primeros en hablar mal de todo el que destaca por su esfuerzo, o mejor dicho, sin tener en consideración ese esfuerzo realizado, achacándoles sus logros a la suerte, y a que su trabajo ha sido realizado por otros o incluso lleagan a decir que ellos fueron los primeros en hacerlo, más por despecho y envidia, que por algún lejano razonamiento lógico.



Los Divos, gracias a su talante, suelen perder los adeptos de la misma forma y rapidez como los han conseguido; en especial si no pueden obtener nada a cambio de los seguidores, de los peones-klinex desechables. Debido a este comportamiento dictatorial y demostración constante de conocer muy poco o nada del tema en cuestión, cada vez los llaman menos para hablar del tema en lugares de relevancia. Pero para poder ser llamados para hacer discursos y estar en el candelero, van cambiando constantemente su discurso, aunque “anuncian” que ellos no lo han cambiado nunca nada de este, que desde el principio siempre han dicho lo mismo y somos los demás los que no nos enteramos nunca de nada, y donde antes decían esto se puede y esto no se puede, pueden llegar a decir que ellos siempre han dicho lo contrario.



Lo que está claro es que en un país de Mediocres, donde al mediocre se le premia, constantemente estarán apareciendo mediocres. Desde hace lustros que he conocido a bastantes “Divinos Mediocres”, que aparecen durante uno o dos años, se imponen y poco antes de llegar al quinto año, desaparecen. Muchos lustros he visto este cíclico lustrismo, matemático, constante como una ley inapelable.



Papá Vader


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