domingo, 5 de febrero de 2012

¿Rencoroso yo? ¡Hasta el fin de mis días!


Me he dado cuenta últimamente que tenemos mucha gente alrededor con una gran tensión y rencor hacia todo el que le rodea. Gente que recuerda cual elefante lo que han hecho otra gente y constantemente se lo echa en cara. Gente con un gran rencor hacia todo ser viviente

Retomando algunos de los temas ya comentados en este blog, nos podemos encontrar con personajes que no han sabido nunca entender un no como respuesta; NO quiero decir lo que tu me digas, esto NO es tuyo, NO quiero hacer lo que tú quieres. El rencor es malo para la salud, señores; replantéenselo.

Los rencorosos son individuos que sueñan con tener o hacer cosas determinadas, planean sobre esos sueños hasta los más mínimos detalles, detalles de lo que pasará y como pasará, de lo que sucederá después del primer detalle o sueño, lo que sucederá como consecuencia de los siguiente, y así hasta llegar a la cúspide de su sueño.

Gente que no deja ningún margen de maniobra ni a la improvisación ni a otras soluciones ante todo lo que pueda pasar, para la consecución de su sueño. Ni dejan la posibilidad de que pueda haber otros caminos para llegar al mismo objetivo.
Esta gente una vez ha diseñado este sueño/objetivo en su vida, gastan todos sus esfuerzos y recursos en conseguir que ello llegue a buen término. Esto es muy loable. Esto tendría que ser la máxima de toda persona.

Pero esta gente en concreto, si por cualquier motivo, sea porque a otro personaje no le interesa que suceda algo determinado, bien sea porque puede estar haciendo daño o perjudicando a otro, este perjudicado dice NO a esta interacción, por lo que el “sueño” deja de serlo. Como el individuo soñador no ha dejado margen de maniobra alguno ante cualquier imprevisto, se cabrea, le echa las culpas al que se ha negado y, desde ese momento, intentará por todos los medios humanos eliminar ese “único” obstáculo que se interpone entre él y su objetivo, haciendo todo lo posible, bien sea por acción o interacción, por medio de mentiras o de difamaciones, para que este “negador” desaparezca de la faz de “su” tierra, “su mundo ideal”.
Esta “eliminación” del obstáculo puede ser realizado durante largos años, se consiga o no dicha eliminación, consiguiendo perder tiempo, no avanzar hacia el objetivo, posiblemente no conseguir nunca el objetivo por obsesionarse en eliminar al “negador” y haciéndole culpable de todos los males acaecidos.

La realidad más simple es la de buscar otro camino para saltar ese obstáculo. A mí siempre me gusta poner un ejemplo muy claro para ilustrar que es lo que hacen esta gente y que es lo que realmente deben hacer. Imaginemos por un momento que tenemos que tomar un largo camino andando para poder llegar a nuestro destino, bien sea una ciudad, un pueblo o el lugar donde podamos ver la más maravillosa puesta de sol de toda nuestra vida. Pero en mitad del camino, nos encontramos con un muro inmenso que no podemos saltar. Si observamos bien este muro, podremos ver que con un poco de esfuerzo, podremos trepar el muro y pasar al otro lado, aunque tardaremos un poco más de lo previsto y puede que nos perdamos el inicio de la puesta de sol. Si damos un par de pasos hacia atrás veremos que en uno de los lados existe una puerta abierta por el que podremos pasar sin problemas y no nos retrasará para llegar a ver la puesta de sol. Pero la pregunta es ¿Qué es lo que hará el caminante?  La respuesta tiene múltiples lecturas: el que no le da miedo desandar lo andado, verá la puerta, se desviará un poco, no perderá tiempo y conseguirá llegar a ver la puesta de sol, desde el principio; el que no cede ni un paso de lo andado, pero improvisa sobre la marcha, empezará a trepar, aunque le cueste llegar algo tarde; pero desgraciadamente, la mayoría lo que hará es golpear con lo que encuentre (piedras, maderas, manos,…) para derrumbar este muro alto, hacer un agujero y poder pasar, aunque para ello le cueste toda la vida, obsesionándose en este esfuerzo y sin pensar que con ello se perderá la puesta de sol. Aun así achacará la culpa de su tardanza única y exclusivamente al muro y a su constructor, ya que el camino previsto por ellos no contempla ningún muro, llegando incluso a pensar que el muro ha sido puesto para que él no pasé a ver la puesta de sol. La realidad es que el muro lleva toda la vida en medio del camino.

Por ello nos encontramos constantemente a gente que, cuando no le salen las cosas como ellos habían soñado, como ellos querían, nos echarán las culpas a nosotros solitos y durante toda su vida, por el hecho de haber dicho NO a sus insistencias e imposiciones. Y aunque se les pueda demostrar que lo que dicen no es cierto, no entrarán en razón (ya que la suya es la única razón valida para ellos y la de los demás son mentiras y conspiraciones), y negarán las evidencias, por mucho que existan.


Pero nos podemos encontrar con que esta gente, tras la tercera vez de darse de cabezazos contra el muro, empiezan a paranoiar y a jurar que se trata de una conspiración para que no consiga sus objetivos, ya que se creen ser el centro del universo y que todos los que le rodean son sus satélites y sólo están ahí para obedecer sus órdenes. Pobres.

Este tipo de gente está constantemente realizando “Maniobras Orquestales en la Oscuridad”, para que todo pueda salir tal como han diseñado en su sueño, sin importarles que estén realizando una enorme bola de nieve y que estén haciéndose daños a ellos y a otra gente; no les importa ni lo más mínimo. Llegando incluso a utilizar a estos “satélites” como pañuelos desechables, por el único fin de conseguir su sueño personal y egoísta. Y una vez gastado y desechado, cuando más adelante lo necesita de nuevo, como no está a su lado ese "pañuelo desechable", se cabrea, los llama traidores y los acusa de estar en la misma conspiración paranoica (su conspiranoia particular), de ser unos desertores.

Lo que está muy claro es que siempre les llega a pasar factura este tipo de acciones en contra de los demás. Es por ello que cuando la bola de nieva explota, y siempre lo hace, la primera pregunta que hacen, con voz del Urkel de turno, es aquel “¿He sido yo?”. No reconocen ser los responsables de la situación, llegada gracias al rencor y odio que sienten dentro, y achacan, nuevamente, las culpas a todo el que le rodea y a “razonar” el motivo de la conspiración a la que está siendo objeto, “al igual que en las películas de Hollywood”.

Si el personaje en cuestión ha encontrado una pequeña brecha en el muro sobre la que escarbar, pensando que podrá derrumbar el muro gracias a ella, podemos tener suerte de que durante un tiempo no esté tocando los bemoles al personal. Pero, como les corroe por dentro el no haber conseguido imponerse en este tema, lo vuelven a sacar como si fuese el primer día, con más fuerza si cabe, culpando de que la demás gente, que sólo  por el hecho de pasar de casualidad por delante de su mirada, son los responsables de su tardanza para ver la ya extinta puesta de sol, extinta ya puede que desde hace años.

Pobres.

Saludos.
Papá Vader.



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