martes, 23 de enero de 2018

Tratar mal a los demás


Pero… ¡¡que nadie se le ocurra tratarlos mal a ellos!!

Desde hace ya mucho tiempo, a Papá Vader le vienen patinando una serie de personajes que se dedican a tratar mal a todo el que está cerca.
Primero se acercan como aduladores y gente simpática, para acabar enseñando la cara oscura de la luna; el mal educado, el ofensivo, el tirano.

Este tipo de gente se dedican a atraparnos en sus redes para después manipularnos sentimentalmente, por medio de la culpabilidad (principalmente).

Pero vayamos por partes.

Estos mediocres del quehacer, se les identifica principalmente porque alardean que hacen esto y aquello, siempre mejor que otros, pero nunca demuestran nada de lo que dicen saber hacer, y cuando se ven obligados a hacerlo, es tan lastimero su quehacer, que enseguida se apresuran a insinuar que lo han hecho sin ganas, a modo de leve muestra y que están esperando un mejor momento para poder enseñar lo que saben hacer, “aunque sea al 50%”.

Pero esto último, nunca llega.

Y no llega ya que ponen escusas tan peculiares como “no merece la pena hacerlo”, “hay poca gente para poder ensañarlo”, “no estoy para perder tiempo”, “justo ese día me ha salido un compromiso”, e incluso he escuchado la escusa “mi pareja no me deja”.

Esos individuos se acercan a sus víctimas, ya que se sienten inferiores a ellos, bien porque saben que nunca podrán hacer lo que estos hacen, bien por la más insana de las envidias, para poder anularles su personalidad y, de esta manera, sentirse ganadores y superiores a estos.

Cuando ya tienen a su victima convencida de que el “agresor sentimental” es su amigo de verdad, consiguen convencerlos en algunos casos a que abandonen al resto de amigos; y es en ese momento cuando empieza la perfidia.

Suele empezar dándonos las culpas de lo que ha hecho o dicho es por nuestra culpa, que le hemos obligado a hacerlo y que debemos responsabilizarnos nosotros y solucionárselo.
Y terminan, si no lo hemos remediado de antemano, haciéndonos creer que no valemos para nada, que somos unos negados, que gracias a él somos lo que somos y si no estamos con él, caeremos en el abismo más profundo y melancólico inimaginable.

Hace un tiempo, Papá Vader se encontró con un tipejo de esta calaña, un tanto curioso. En un concurso de pintado de miniaturas, una de las figuras era extremadamente delicada, y sin ser un problema real de organización, esta se rompió. Pues bien, el tipejo en cuestión, dueño de una tienda de miniaturas que se presentó como patrocinador del pintor de la miniatura, amenazó con que si no le dábamos el premio a ese pintor, por la rotura de la mini, se encargaría de hablar mal del concurso y de Papá Vader.
Evidentemente Papá Vader no accedió a este chantaje, pero el tipejo cometió el error de hablar mal del concurso y de Papá Vader. Digo “cometió el error” ya que supongo que se pensaba que él era más importante y conocido en el mundillo de los concursos que el propio Papá Vader.
Animalito…
Es lo que tiene que Papá Vader no alardeé de lo que es y de quien es.

Otro tipo de “agresores sentimentales” son aquellos que te obligan a decir “¡Wow! Que cosa más guapa has hecho”, cuando la realidad es que se le tendría que decir: “Tío, sigue practicando, que algún día te saldrá bien”. Pero si haces lo último, lo mismo que si no le dices nada, te desprecian y se dedican a hablar mal de ti. Y de estos conocemos todos unos cuantos muchos, en especial en Facebook.

O aquellos que esperan ser tus amigos para ponerse las medallas de lo que tu estés haciendo, por el simple hacho de mirar como lo haces.
Hace relativamente poco, Papá Vader conoció a uno de estos.
Como el individuo no consiguió que en el evento que organiza Papá Vader aparecer “por el morro” como organizado ni como colaborador, a cambio de no hacer absolutamente nada, se dedicó a ir diciendo que Papá Vader era un ladrón y un estafador.
El problema principal que tiene este personaje es que no podrá demostrar nunca esto, ya que no puede encontrar a nadie que le pueda decir que es cierto.
El motivo es bien sencillo: Papá Vader no deja con vida a los que roba o estafa. Es la mejor forma de no dejar pruebas.

Los “maltratadores de amigos” son tan sumamente peculiares que si por aquello de las casualidades, se nos ocurriese contar una mentira de ellos, dejarles en la estacada en medio de trabajo, hacer un comentario en la que de en ridículo, y aunque sea el llamarles “capullo”, de forma sinceramente cariñosa, o no solucionarle su problema, exactamente igual que lo que ellos hacen siempre con nosotros, esto les sienta tan mal que son capaces de montar un espectáculo deplorable, muy triste, a base de faltas de respeto, insultos y chillidos incluidos, contra nuestra persona.
Ellos se consideran con todo el derecho del mundo de hacérnoslo, pero nosotros que ni se nos ocurra hacérselo a él.
Tened en cuenta que ellos se han acercado a nosotros con toda la mala intención de hacernos daño y humillarnos todo lo que puedan, por odio, por envidia, por mediocridad, por lo que si se lo hacemos nosotros, entienden que nosotros lo estamos haciendo exactamente por el mismo motivo.
Es como aquel refrán que dice “Un ladrón se piensa que todos somos de su condición”.


Cuando os encontréis con personajes de esta índole, con los tóxicos manipuladores, lo mejor es pasar de ellos.
Lo que más mal les sienta y lo mejor para vuestra salud mental, es que ni intentéis dale la menor importancia a sus exigencias y mentiras.
Les sienta fatal, ya que no se les da más oportunidad de “demostrar su mentira”, de que juguemos al juego que más les gusta y dominan mejor que nosotros, y poco a poco quedan mal con los que le rodean, ya que un mentiroso no suele recordar la mentira que ha contado hace poco tiempo, por lo que cada vez más cuenta una más gorda y menos creíble.

Por ello, no perdamos tiempo con ellos, ni demostrar sus mentiras ni intentar razonar.
No merece ni la pena esforzarnos en hacerlo, ni el tiempo que podemos llegar a perder en ese tema.


Papá Vader.

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